La insolidaridad de los asientos reservados

Una persona entra en un restaurante y ve que de 38 mesas hay dos vacías. Va a la primera de las vacías y observa que tiene un cartelito que indica “RESERVADA”. ¿Qué es lo más normal que haga ante ese aviso? Pues ir a la siguiente mesa libre y probar a ver si está reservada o no. Lo que probablemente no haría sería sentarse. Y si lo hiciera alguien le corregiría y le haría levantarse.
¿Por qué no ocurre esto en los asientos reservados de los transportes públicos, más concretamente en los de metro?
No conozco a nadie que al entrar en el metro se plantee si el asiento en el que se va a sentar es un asiento reservado o no. Simplemente llegan, ven un asiento vacío y ¡anda qué suerte! ya tienen donde sentarse.
Bueno, quizás haya exagerado, sí que conozco a alguien que no se sienta en un asiento reservado: los de los Pirineos para arriba. Id por ejemplo a Berlin, capital cosmopolita donde las haya, con una heterogeneidad de personas que podría llevar a pensar en diferentes reacciones ante esta situación. Pues no,en los metros de Berlin, salvo contadas ocasiones, los asientos reservados van vacíos aunque el metro vaya atestado. Y, ¿sabéis por qué? Porque son asientos RESERVADOS.
Y están reservados y colocados en un emplazamiento concreto por un motivo básico de accesibilidad. Un invidente sabe exactamente dónde están emplazados y una persona con movilidad reducida sabe por dónde tiene que acceder al vagón para poder sentarse con facilidad.
Sin embargo el hecho de ser que vayan ocupados hace que se den situaciones en las que personas que deban ocuparlos tengan que pedir que les cedan asiento o, si su carácter es tal que no quieren pedirlo, se ven obligados a ir de pie.

El martes pasado, durante la jornada de huelga de trabajadores de Metro de Madrid en que los vagones iban atestados, entró una chica embarazada en el vagón donde iba yo de pie. Se intentó aproximar a una de las filas de asientos donde había uno con el minúsculo cartel de asiento reservado y al ver que estaba ocupado se dio media vuelta y se fue a aferrar a la barra situada entre las puertas del vagón. Logré acceder hasta ella (no sin dificultad) y le pregunté si no le gustaría sentarse. Me indicó que sí que le gustaría pero que no quería molestar a nadie. Ante esto, accedía la bancada más cercana, indiqué la situación a los que estaban sentados y tras unos segundos dmirándoseentre ellos a ver quién era el “tonto” que se levantaba, un chaval optó por hacerlo y finalmente la embarazada se pudo sentar. Se podría alegar, si se quisiera hacer de abogado del diablo, que el metro iba tan lleno que nadie se percató de la presencia de la embarazada, pero si el asiento reservado hubiera estado disponible no hubiera habido necesidad de que esta mujer tuviera que estar “mendigando” un asiento.

Con el vagón vacío tambien esto ocurre frecuentemente. Observad esta foto:

Este señor, con ese bastón bien visible que entró en el vagón con una cojera bastante significativa, tuvo que ir de pie durante más de tres estaciones dado que el asiento reservado iba ocupado y nadie le cedió el asiento. Cuando finalmente se liberó un asiento, al ir a intentar sentarse, tuvo que apartar a una señora con el bastón ( mientras hacía equilibrios para no trastabillarse) e indicarle que le permitiera sentarse a él y cuando se iba a sentar, la señora que  ocupaba el asiento adyacente se deslizó sutilmente al asiento vacío de tal forma que el señor  acabó casi cayendo al suelo al intentar evitar sentarse encima de la señora. Como veis, finalmente se sentó, aunque habiendo tenido que hacer antes una gymkana.

No es despiste, es una absoluta falta de empatía por el prójimo y una verdadera falta de educación y de civismo.La mayoría de la gente entra en el metro con el único deseo de sentarse, importándole un bledo donde lo haga y a quien se lo impida.¿Cuántas veces os han empujado al ir a salir del vagón por alguien que quería entrar rápidamente para coger un asiento?

Dado que el civismo y la educación brillan por su ausencia, se necesitan otras medidas más llamativas. Una simple pegatina situada medio metro por encima del asiento reservado no es aviso suficiente. Tal y como ha hecho la EMT de Madrid, los asientos reservados en el metro deberían ir pintados de un color diferente al resto y marcados con alguna señal que los identificara de forma indubitada. Además, trabajadores del metro o del equipo de seguridad deberían inspeccionar el cumplimiento de esta normativa (entre otras el RD 1544/2007 de 23 de noviembre en su Anexo VI art. 3.4)

Una sociedad cívica debe respetar estos mínimos de empatía y solidaridad, y la mejor forma de que se normalice el respeto por los asientos reservados en siendo ejemplarizantes. Y si no, al menos hacedlo por egoísmo: algún día puede que tengáis que hacer uso de esos asientos reservados por necesidad y entonces agradceréis encontrarlos libres. 

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