La primera idea

Hay un momento exacto en la vida que no es si no una inflexión, una meseta entre dos valles, entre dos depresiones, entre dos realidades. Y se puede extrapolar que ese momento es como una revelación.

Te levantas una mañana, de una forma menos ligera que de costumbre, pero igual de viva que hasta entonces, con un ligero regusto agridulce en el fondo del paladar, muy detrás, muy liviano, pero está ahí, un retrogusto extraño. No es esa sensación tantas veces experimentada de whisky seco y apelmazado en la campanilla, ni de un martillo hidráulico en las sienes. Se podría asemejar a ese instante, media hora después de un ibuprofeno y un café caliente tras una noche excesivamente gloriosa, en que la mente se empieza a desembotar y los objetos vuelven a tener tres dimensiones y un color brillante e intenso. Y te miras al espejo, y te das cuenta de que sobre esa frente cada vez más trasera, entre el cabello negro y todavía espeso, hay un fleje, blanco, duro, curvo y rebelde. Y ya no hacen falta ni ibuprofenos ni cafés.

Y notas que los 140 caracteres se te llevan quedando cortos mucho tiempo, y que la fuerza del grito no es tal fuerza sin ideas de base. Y decides hacer esto. Y así empieza…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s