Celebraciones del 400 aniversario de la Plaza Mayor

El pasado sábado 19 de febrero tuve la suerte de poder asistir al espectáculo audiovisual que se llevó a cabo en la Plaza Mayor de Madrid con motivo de su 400 aniversario. Esta acción histórico-cultural consistía en un video mapping sobre las paredes del cuadrilátero de la plaza en la que se proyectaban recreaciones de momentos de su historia, desde sus inicios como prado, pasando por su construcción, incendio, reconstrucción, plaza de toros, plaza de ajusticiamiento y escarnio y plaza popular multiusos. 

El espectáculo, que puede verse, por ejemplo, aquí, estuvo a la altura de las grandes acciones de vanguardia que se realizan en otras ciudades europeas. Por fin en Madrid se ha podido ver un espectáculo inaugural que huye de rancios tópicos donde los discursos y actos institucionales son los protagonistas y se presenta como algo innovador, divertido, didáctico, visual y auditivamente impactante y accesible a todas las personas. 

Sin embargo no faltan los que siempre quieren lo mismo de siempre porque progresar e innovar son palabras que no caben en su añejo diccionario. En este publirreportaje de Madridiario a Ángel Del Río (vedlo si queréis perder 6 minutos), este último indica que hace falta más solemnidad en los actos del aniversario de la Plaza Mayor. Entiendo que lo que quiere este “cronista de la Villa” es lo que siempre ha habido, actos solemnes institucionales vacíos en los que el boato es lo único que destaca, y que son disfrutados por los de siempre en vez de por los ciudadanos y turistas que son los que verdaderamente han de hacerlo. 

Los actos del cuarto centenario de la maravillosa Plaza Mayor de Madrid, que se pueden consultar aquí , son suficientemente variados y comprenden un abanico tan amplio de artes – literatura, artes escénicas, fotografía, vídeo, … – que pueden ser compartidos por cualquier vecino o turista del tipo que sea. Es una programación extensa y diversa y, afortunadamente, no incluye la solemnidad que algunos echan de menos. Y digo afortunadamente porque la solemnidad lleva implícita un rigor que automáticamente es excluyente. 

Disfrutad de la Plaza Mayor en este 400 aniversario y durante todos los años venideros. Esperemos que cada vez sea más un espacio diverso y de convivencia y cada vez menos un referente de lo pomposo y solemne.

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Conducción peligrosa de autobuses de la EMT Madrid

En otras ocasiones he hablado exclusivamente de la relación que existe entre los autobuses municipales y las bicis urbanas, y he recalcado la falta de profesionalidad de la que hacen gala algunos conductores de autobuses urbanos. En este caso me voy a centrar en un incidente que ocurrió el domingo 21 de agosto de 2016 a primera hora de la madrugada (es decir en la noche del sábado al domingo).

Esta vez no íbamos en bici, sino en coche, y el copiloto del vehículo, alertado tras varias maniobras peligrosas e inapropiadas, tuvo la oportunidad de grabar un vídeo de la lamentable actuación de dos conductores de la EMT.

Empezamos nuestro trayecto por la Castellana tras acceder a ella desde la A1 sobre las 0:30h y nos colocamos en el carril derecho circulando a un máximo de 50 Km/h (como puede verse en el vídeo). Al poco de avanzar por la Castellana, vimos como se nos pegaba peligrosamente un autobús de la EMT de la línea N21. Cuando ya la distancia de seguridad era ínfima, se nos puso a adelantar por la izquierda y se pegó de nuevo a otro vehículo que circulaba por el segundo carril. Este, al verse acosado, tuvo que quitarse hacia el carril izquierdo. En cuanto hizo esto, el autobús volvió a acelerar (aún más) y volvió a cambiar de carril, de nuevo a una velocidad inapropiada. Este cambio se repitió en varias ocasiones y fue ahí cuando desde el puesto del copiloto se hizo el vídeo correspondiente. 

Aquí dejo el vídeo donde se puede ver cómo el vehículo desde donde se graba va casi a 50Km/h (velocidad máxima del tramo) y es rebasado a bastante velocidad por dos autobuses de la EMT.

Este autobús estaba siendo seguido por otro de la línea N20 que iba circulando de la misma manera, aunque no tan velozmente ni con una conducción tan agresiva. De hecho el primer autobús se “paró” en algunos momentos como esperándole. He de remarcar que ambos parecían circular de vacío, ya que llevaban las luces de la zona de viajeros apagadas, aunque mostraban los indicadores de línea y no el cartel de “fuera de servicio” o de “no admite viajeros”.

Estuvimos “acompañando” a ambos hasta la plaza de Cibeles (la regulación de semáforos hizo que nos fuéramos emparejando cada poco) y durante todo el trayecto (unos 7km) los autobuses estuvieron circulando a gran velocidad (más de 50 Km/h como puede deducirse del vídeo), invadiendo continuamente dos carriles de forma simultánea, acosando coches, tomando las rotondas de forma que ponían en riesgo al resto de vehículos, etcétera. Lo único que hicieron bien fue hacer uso de los intermitentes. 

En definitiva, condujeron de forma peligrosa y poco profesional. Y lamentablemente estos hecho no son aislados. En las redes sociales se pueden ver a diario ejemplos de ciudadanos que exponen la actitud, cuando menos, incívica de estos trabajadores públicos que, como profesionales del transporte de viajeros, deberían servir de ejemplo de una conducción segura, y no poner en riesgo al resto de usuarios de la vía. 

¿Por qué continuamente vemos cómo se saltan semáforos en rojo, circulan a una velocidad por encima de la permitida, realizan maniobras prohibidas, demuestran falta de asertividad con el resto de los usuarios de la vía, …? La seguridad de muchos ciudadanos, usuarios y no usuarios de la EMT, está en sus manos. ¿Acaso no son conscientes de ello? ¿Se está haciendo caso desde la EMT a todas las denuncias y quejas que están surgiendo a este respecto y se están tramitando los consiguientes expedientes sancionadores a los conductores que no respetan las normas?

Si Madrid quiere ser, como parece que se está intentando, una ciudad más habitable y menos salvaje en cuanto al tráfico, lo primero que se ha de conseguir es tener un sistema de transporte público en superficie puntero, fiable y, sobretodo, seguro. 

Espero que en este caso, y en otros muchos, la EMT realice los trámites oportunos para sancionar la actitud de estos conductores que hacen que la mayoría de profesionales magníficos que hay en el sector vean mermada su imagen por la actitud lamentable de unos pocos. 

La insolidaridad de los asientos reservados

Una persona entra en un restaurante y ve que de 38 mesas hay dos vacías. Va a la primera de las vacías y observa que tiene un cartelito que indica “RESERVADA”. ¿Qué es lo más normal que haga ante ese aviso? Pues ir a la siguiente mesa libre y probar a ver si está reservada o no. Lo que probablemente no haría sería sentarse. Y si lo hiciera alguien le corregiría y le haría levantarse.
¿Por qué no ocurre esto en los asientos reservados de los transportes públicos, más concretamente en los de metro?
No conozco a nadie que al entrar en el metro se plantee si el asiento en el que se va a sentar es un asiento reservado o no. Simplemente llegan, ven un asiento vacío y ¡anda qué suerte! ya tienen donde sentarse.
Bueno, quizás haya exagerado, sí que conozco a alguien que no se sienta en un asiento reservado: los de los Pirineos para arriba. Id por ejemplo a Berlin, capital cosmopolita donde las haya, con una heterogeneidad de personas que podría llevar a pensar en diferentes reacciones ante esta situación. Pues no,en los metros de Berlin, salvo contadas ocasiones, los asientos reservados van vacíos aunque el metro vaya atestado. Y, ¿sabéis por qué? Porque son asientos RESERVADOS.
Y están reservados y colocados en un emplazamiento concreto por un motivo básico de accesibilidad. Un invidente sabe exactamente dónde están emplazados y una persona con movilidad reducida sabe por dónde tiene que acceder al vagón para poder sentarse con facilidad.
Sin embargo el hecho de ser que vayan ocupados hace que se den situaciones en las que personas que deban ocuparlos tengan que pedir que les cedan asiento o, si su carácter es tal que no quieren pedirlo, se ven obligados a ir de pie.

El martes pasado, durante la jornada de huelga de trabajadores de Metro de Madrid en que los vagones iban atestados, entró una chica embarazada en el vagón donde iba yo de pie. Se intentó aproximar a una de las filas de asientos donde había uno con el minúsculo cartel de asiento reservado y al ver que estaba ocupado se dio media vuelta y se fue a aferrar a la barra situada entre las puertas del vagón. Logré acceder hasta ella (no sin dificultad) y le pregunté si no le gustaría sentarse. Me indicó que sí que le gustaría pero que no quería molestar a nadie. Ante esto, accedía la bancada más cercana, indiqué la situación a los que estaban sentados y tras unos segundos dmirándoseentre ellos a ver quién era el “tonto” que se levantaba, un chaval optó por hacerlo y finalmente la embarazada se pudo sentar. Se podría alegar, si se quisiera hacer de abogado del diablo, que el metro iba tan lleno que nadie se percató de la presencia de la embarazada, pero si el asiento reservado hubiera estado disponible no hubiera habido necesidad de que esta mujer tuviera que estar “mendigando” un asiento.

Con el vagón vacío tambien esto ocurre frecuentemente. Observad esta foto:

Este señor, con ese bastón bien visible que entró en el vagón con una cojera bastante significativa, tuvo que ir de pie durante más de tres estaciones dado que el asiento reservado iba ocupado y nadie le cedió el asiento. Cuando finalmente se liberó un asiento, al ir a intentar sentarse, tuvo que apartar a una señora con el bastón ( mientras hacía equilibrios para no trastabillarse) e indicarle que le permitiera sentarse a él y cuando se iba a sentar, la señora que  ocupaba el asiento adyacente se deslizó sutilmente al asiento vacío de tal forma que el señor  acabó casi cayendo al suelo al intentar evitar sentarse encima de la señora. Como veis, finalmente se sentó, aunque habiendo tenido que hacer antes una gymkana.

No es despiste, es una absoluta falta de empatía por el prójimo y una verdadera falta de educación y de civismo.La mayoría de la gente entra en el metro con el único deseo de sentarse, importándole un bledo donde lo haga y a quien se lo impida.¿Cuántas veces os han empujado al ir a salir del vagón por alguien que quería entrar rápidamente para coger un asiento?

Dado que el civismo y la educación brillan por su ausencia, se necesitan otras medidas más llamativas. Una simple pegatina situada medio metro por encima del asiento reservado no es aviso suficiente. Tal y como ha hecho la EMT de Madrid, los asientos reservados en el metro deberían ir pintados de un color diferente al resto y marcados con alguna señal que los identificara de forma indubitada. Además, trabajadores del metro o del equipo de seguridad deberían inspeccionar el cumplimiento de esta normativa (entre otras el RD 1544/2007 de 23 de noviembre en su Anexo VI art. 3.4)

Una sociedad cívica debe respetar estos mínimos de empatía y solidaridad, y la mejor forma de que se normalice el respeto por los asientos reservados en siendo ejemplarizantes. Y si no, al menos hacedlo por egoísmo: algún día puede que tengáis que hacer uso de esos asientos reservados por necesidad y entonces agradceréis encontrarlos libres. 

La desazón con el Museo Arqueológico Nacional

La RAE define desazón, en su tercera acepción, como “disgusto, pesadumbre, inquietud interior”, y en su cuarta acepción como “desabrimiento, insipidez, falta de sabor y gusto”. Si las juntamos, logramos la sensación con la que salí del renovado Museo Arqueológico Nacional (en adelante, MAN).

Voy a empezar por decir, más que nada para prevenir al que me lea,  que no soy ni arqueólogo, ni historiador, ni nada que se le parezca. Simplemente soy un ciudadano al que le entusiasma la historia y las humanidades. Y con esas credenciales, ni más ni menos, visité el MAN.

Cuando salí del MAN lo que más me quedó en la memoria es el edificio en sí, y eso no suele ser buena señal respecto de la exposición. Tras varios años de remodelación, ha sido acondicionado para albergar un nuevo y, supuestamente, mejor museo. Posee dos patios muy luminosos con una serie de obras expuestas, y de ellos salen dos escaleras a través de las cuales se puede observar parte de la exposición en altura.

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Las exposición se compone de 40 salas, presuntamente ordenadas de forma lineal, pero que, en realidad, el recorrido establecido de la exposión hace que tengas que pasar por algunas de ellas en sentido ida y vuelta.

No voy a entrar a valorar la calidad arqueológica del material expuesto, porque, como digo, no soy experto en ello, pero sí la forma de exponerlo. Hay una clara intención didáctica, mucho más que la que había en el anterior museo (que, en mi opinión, era mucho más “visitable”), sin embargo, se queda muy lejos de resultar realmente ilustrativa. Algunas piezas expuestas carecen de cartelería – y si la tenían estaba tan mal colocada que no reparé en ella -. La exposición resulta por momentos caótica y agobiante, pareciendo que ciertos objetos están colocados donde lo están porque en algún sitio tienen que estar (el árbol que no te deja ver el bosque). El emplazamiento de ciertas pantallas didácticas multimedia obstaculiza el paso del visitante en cuanto se arremolinan cinco personas para ver la pantalla. Las estaciones táctiles, si bien están correctamente señalizadas y situadas, son escasas y poco representativas (para un museo de pretensiones didácticas). La descripción cronológica de lo expuesto por momentos no parece tal (por ejemplo, en la sección de Edad Media – Mundo Medieval según el MAN – no se establece una línea histórica clara, de hecho se separa Al-Andalus de los Reinos Cristianos como si fueran dos entes independientes). El recorrido de la exposición en ciertos momentos te lleva a puntos ciegos que te obligan a desandar el camino. Una vez que ya parece que has hecho un recorrido por toda la historia arqueológica de España, y tras visitar una parte de exposición sobre la propia historia del museo (esto debería estar al márgen de la exposición principal), hay unas salas temáticas sobre Oriente Próximo Antiguo, Egipto y Grecia.Puedo llegar a entender la intención de ello, como cuna de nuestra civilización, no así su implementación. La sala de Grecia es de lo más anodino que he visto jamás en un museo: la historia presentada a través de los vasos cerámicos; o eres un apasionado de la cerámica y de la cultura griega – simultáneamente – o el cuarto vaso ya resulta exasperante. Y una vez acabado este impasse histórico, la exposición acaba con 4 salas – toda la entreplanta – dedicadas en exclusiva a la moneda (como una pseudoexposición temática dentro de la exposición general, una muestra más propia de la Fábrica Nacional de la Moneda y Timbre que del MAN). Y durante esas 40 salas repletas de objetos, la aparición de documentos escritos es absurdamente escasa; como si la escritura y la arqueología fueran cosas ajenas.  En definitiva, no es una exposición agradable de disfrutar. No lo fue al menos para mí.

Si la intención de la reforma era crear un museo de vocación didáctica, podrían haberse fijado en el MARQ de Alicante, que presenta una exposición no se ya si valiosa arqueológicamente hablando, pero sí muy didáctica, educativa e interactiva. Si no era esa, quizás un museo como el Pérgamo (salvando la enorme distancia que los separa) hubiera sido mejor referencia. Hago una digresión para comentar que el Pérgamo me proporcionó una de las mejores experiencias museísticas y culturales que he tenido la suerte de disfrutar, tanto por la exposición en sí, como gracias a uno de los vigilantes del museo que, de forma completamente voluntaria y desinteresada, al verme absorto con una pieza, se acercó a mí y me pidió permiso para explicármela. Algo que no me ha vuelto a pasar en ningún museo. Y, obviamente, tampoco en este. De hecho, me resultó curiosa la respuesta de un vigilante a la pregunta de un visitante. En la “reproducción” de Altamira (de la que ahora hablaré) había un vídeo sobre el yacimiento y un visitante le preguntó al vigilante si las imágenes proyectadas en ese vídeo eran de la cueva original. La repuesta fue un “ah, pues no sé, SUPONGO que sí”. Lo siento, pero si trabajas X horas en ese sitio donde no hay nada más que ese video y una réplica de una parte de la cueva, además de accionar el contador de mano que llevas para contar visitantes,  debes ser un experto en lo que se muestra, y un “no sé” no es una respuesta válida.

Finalmente, la denominada “réplica” de Altamira (de la que no se hace apenas publicidad en en el MAN ni en su web – creo entender el motivo -), resulta ser una réplica de una parte mínima del techo de una de las grutas de Altamira. Está situada en el jardín exterior del edificio, separado de la exposición, con acceso libre desde la calle (siempre que el MAN esté abierto) y sin mayor indicación que una pequeña placa a la entrada. Es una sala de unos 30m2 con una mesa de espejo con la que poder ver mejor el techo donde está la réplica. Visualmente es atractivo, pero ya. Ni la locución que se escucha resulta realmente interesante.

Réplica Altamira MAN.jpg

Tras todo lo dicho toda la crítica al MAN vertida en este texto es por un sentimiento de rabia ante la expectativa creada y la experiencia recibida. Es un museo que podría ser un museo de referencia: posee un edificio magnífico, en un emplazamiento inmejorable, de un país con una historia y una cultura excelsas. Sin embargo se queda en un museo más de arqueología. En un compendio de piezas valiosas. Y eso da mucha rabia y mucha pena.

Aun así, no dejéis de visitarlo.La cultura nunca está de más.

El desprecio impune del espacio del peatón

En otra entrada de este blog escribía sobre la fagocitación del espacio del peatón por parte de los vehículos y de cómo se había logrado liberar un tramo de calle concreto de la invasión de los vehículos de las aceras. Sin embargo, el problema reside en que a estas infracciones, al no ser castigadas de oficio, se les dota de legitimidad, y al ser “legítimas” son aceptadas como lo normal.

Pongo un ejemplo. Imaginemos que una grúa recibe un aviso de asistencia en el centro urbano. Esa grua acude al barrio desde donde le han llamado. Ese barrio es un barrio residencial de la periferia (fuera de la M30) de calles de un sentido con coches aparcados en ambos márgenes (lícita o ilícitamente). Como la grúa no tiene donde aparcar se le plantean tres posibilidades al conductor:

  1. Corta la calle
  2. Aparca en un vado
  3. Sube la grúa a la acera

En las posibilidades 1 y 2 el perjudicado es el vehículo motorizado (en la posibilidad 1 si viniera una bici puede bajarse de ella y sortear a la grúa por la acera). En la posibilidad 3 el único perjudicado es el peatón. Si fueseis el conductor de esa grúa, ¿qué opción eligiríais?

Pues bien, seguramente no optaríais por hacer lo que he visto esta tarde que ha hecho esta grúa:

Imagino que el conductor de la grúa pensó: si lo dejo en la calzada en mitad del carril, como tarde un poco me pitarán los coches que quieran pasar y si lo dejo en el vado, como quiera salir o entrar un coche, también me pitarán…pues aprovecho el vado y lo subiré a la acera que ahí nadie va a protestar.

Y eso es precisamente lo que sucede, si el peatón no puede pasar, pues nada, como no tiene un claxon para protestar, ya dará un rodeo, ¿verdad? ¿Y si es una persona en silla de ruedas o unos padres con un carrito de bebé o un invidente o una persona cargando dos bolsas? En ellos no se piensa.  A ellos no se les protege. Imaginad que pasa un invidente por ahí. Os aseguro que se daría un buen golpe con el retrovisor. Y me pregunto, si pasara una patrulla de la Policía por ahí, ¿se le sancionaría de oficio?

Existe un problema muy grave en las calles de nuestros barrios de la periferia con la eliminación permitida del espacio del peatón. En nuestras calles se llevan permitiendo cosas como estas y no pasa absolutamente nada:

Esa es la calle Cidra, barrio de Quintana en el distrito de Ciudad Lineal. Como veis, esa acera se ha inutilizado por completo, y lleva así años sin que nadie haga nada. Por cierto, el edificio que se ve al fondo de la segunda foto es un colegio. ¿Obligamos a los niños del barrio a caminar por la calzada al no tener acera?

Es necesario que se proceda a una reforma total de los espacios públicos favoreciendo al peatón y la movilidad sostenible. Acciones como la que pretende realizar el Ayuntamiento en el barrio de Chueca son necesarias, pero más aún en los barrios residenciales periféricos. Aunque no atraigamos turismo, merecemos poder movernos a pie por nuestros barrios.

(Que esto lo diga además el Director Gerente de la EMT Madrid es un alivio. Todavía hay esperanza)

 

 

Bajando coches de las aceras

El gran problema que provocan los coches en las grandes ciudades, y Madrid, lamentablemente, no se ve excluida de ellas, es la contaminación atmosférica. Pero no es el único. Aparte de atascos y contaminación acústica, los coches fagocitan el espacio, en todos los sentidos, tanto en las calzadas “exigiendo” mayor espacio con menor eficiencia, pero también a la hora de aparcar. Y este aspecto, si bien el anillo interior de la M30 en Madrid está regulado por el S.E.R. (Servicio de Estacionamiento Regulado), el anillo exterior, no lo está. Y muchos barrios acaban siendo aparcamientos disuasorios del centro de Madrid.

Si nos ceñimos a los aledaños de la calle de Alcalá en su tramo comprendido entre Ventas y el cruce con Arturo Soria (distrito de Ciudad Lineal, barrios de Ventas, Pueblo Nuevo, Quintana y Concepción), vemos como las calles de esta zona se han convertido en el parking de los vehículos que vienen del este de la Comunidad de Madrid, y que, para evitar pagar en la zona S.E.R., dejan los vehículos en estos barrios y desde ahí cogen el trasporte público para acceder al centro de la ciudad. Si a esto le sumamos que es una zona con alta densidad de población (por ejemplo, el barrio de Quintana es el tercero en densidad de población del anillo exterior de la M30) el problema se multiplica. Y si, además, tenemos en cuenta que, salvo las arterias principales, son barrios de calles estrechas con aceras ridículas, el problema se hace insoportable. ¿Por qué? Porque los coches acaban aparcando donde les da la gana y como históricamente nadie les ha prohibido hacerlo (ya sabemos que las señales de tráfico no sirven de nada si no se hacen cumplir) han seguido ocupando el espacio del peatón hasta hacerlo inservible.

Para entrar en detalles y centrar un poco la situación. Me estoy refiriendo a esto.

Como se puede ver, importa bien poco que en la acera en cuestión haya una señal de prohibido estacionar (os aseguro que ninguno de esos coches estaba realizando una parada). De hecho se producen situaciones tan absurdas como en la foto de la derecha (calle Prudencio Álvaro) donde se pusieron bolardos en la acera derecha (en la que está la señal de prohibido estacionar) y como la gente siguió estacionando, eso sí, sin subirse a la acera porque no podían, los coches de la acera contraria, que sí que estaban bien estacionados acabaron aparcados por una norma no escrita encima de la acera. Y esta situación se repite en la mayoría de las calles de estos barrios.

Esto no es ya un problema solo de ocupación del espacio del peatón hasta tal punto que no puede pasar una silla de ruedas o un carrito de bebé o de la compra o una persona con dos bolsas de la compra, una en cada brazo, sino que es un problema de seguridad para los vecinos, ya que algunas calles ven estrechado su espacio de circulación hasta tales límites que resultaría imposible que pasara un camión de bomberos (más de una vez los vecinos hemos visto como los bomberos se han visto obligados a mover coches o a arrancar varios retrovisores para poder pasar). Aquí un ejemplo del estrechamiento de la calzada que se produce en el final de la calle Zigia.Calle Zigia

Y todo esto sin que la Policía intervenga de oficio, sólo ante las quejas puntuales de algunos vecinos en ubicaciones puntuales (obstrucciones de vados, aparcamiento en giros, plazas de minusválidos, etc.)

Sin embargo, algunas de estas quejas, no sin mucho esfuerzo previo, llegan a buen puerto. Es el caso de un tramo de la calle Virgen de Lluc (uno de los principales ejes para ir desde Ventas hasta Arturo Soria). Como se puede ver en estas fotos, ocurre lo que comentaba más arriba: como hay bolardos en el lado que no se puede estacionar, los coches de la acera contraria se suben a la acera, dificultando de esta forma el correcto paso de peatones. Además, hay que añadir que en tramo de la foto hay cuatro talleres mecánicos, con el flujo de coches que eso provoca.

Se había llegado a situaciones absurdas como permitir/tolerar poner contenedores de obra en una zona donde el estacionamiento estaba prohibido. Así de interiorizada estaba la irregularidad.

 

Como indicaba, esta situación ha sido puesta en conocimiento de la Junta de Distrito y de la Policía Municipal por parte de muchos vecinos y varias comunidades de vecinos, y tras mucho tiempo peleándolo, el pasado sábado amanecía así la calle.

En la noche del viernes al sábado, y no sé aún con qué medios, se había logrado quitar todos los coches aparcados ahí de forma irregular y, además, se habían bajado todos los coches que estaban aparcados en la acera.

Está visto que querer es poder y que recuperar el espacio para el peatón es posible, y parece que cada vez más fácil.

Lamentablemente en esta misma calle (y en muchas de estos barrios) todavía quedan muchas aceras por liberar.

(Y de paso si ya se quitan los símbolos franquistas de todo el barrio, como el que se intuye en la parte superior izquierda de la última foto, mejor que mejor)

De cómo Arturo Soria es, lamentablemente, una alternativa a la M30

Lamentablemente lo que indico en el título de esta entrada es una realidad y los vecinos del distrito sufrimos las consecuencias de ello.

Hay gente que todavía critica cualquier actuación urbanística en las calles de Madrid destinada a la creación de carriles exclusivos para buses y, no digamos ya, a crear carriles bici segregados (que si es un gasto inútil, que si las bicis por la calzada – esto lo suscribo pero sé matizar -, que si hay que sacar a los coches de las calles – claro, pero es que no se van a ir solos -, etc…). Esta crítica se torna más vehemente, y por lo tanto menos dada a cualquier diálogo, cuando se refiere al principal eje de movilidad de la zona este de Madrid, como es Arturo Soria. Uno de los argumentos que más a menudo se citan es que Arturo Soria no tiene nada de especial, que no existe ninguna particularidad en esa calle que la haga “meritoria” de ninguna infraestructura adicional. Aunque este aspecto quedó suficientemente debatido y rebatido en este otro post,  la semana pasada, con motivo de la aplicación de las medidas especiales para paliar la contaminación, se hizo mucho más patente.

En cuanto se limitó la circulación por la M30 a 70Km/h (lo cual tampoco es decir mucho, al menos en hora punta, porque no se puede ir mucho más deprisa debido a la congestión de tráfico que suele haber) la gente optó por buscar caminos alternativos. Esto se vio agravado el segundo día cuando se activó la fase 2 del protocolo (en que se prohibía aparcar en zona SER)

Ambas medidas, si bien necesarias y, según mi opinión, insuficientes, hicieron que el tráfico se desplazara a los barrios de zona exterior de la M30 (donde se podía aparcar sin problrestricciones, que no sin problemas, y donde, como ya quedó de manifiesto con las mediciones que hicieron Cazavelocidades y Bicilineal, se puede circular impunemente a la velocidad que a cada uno le plazca) y, como era de esperar, la ya sobresaturada Arturo Soria se volvió a atascar, pero de una forma tan brutal como jamás había visto.

El pasado jueves 30 sobre las 19h en la confluencia de las calles José del Hierro y López de Aranda con Arturo Soria, se formó tal atasco que ni siquiera las bicis que iban por la calzada podían adelantar. Varios autobuses de varias líneas de la EMT se vieron bloqueadas en ese cruce (llegué a contar 6 autobuses sólo en José del Hierro de las líneas 146, 48; y varios autobuses de la línea 70 estaban también saturados en Arturo Soria). De hecho, tuvieron que ponerse (sin demasiado buen resultado) dos agentes de la Policía Municipal a regular el tráfico, y al menos vi a otros dos quitando los coches que siempre hay aparcados en segunda fila en toda la calle de José del Hierro.

Justo ese día en que el tránsporte público era más necesario que nunca, la gente no podía utilizarlo en condiciones óptimas porque los coches saturaban todo el espacio. En ese momento era cuando un carril bus se hacía más necesario que nunca. Por no decir ya un carril bici en la calzada como pide la Plataforma Bicilineal desde hace más de diez años. Ambas infraestructuras (carril bici y carril bus) hubieran cumplido al menos dos objetivos ese día (y, efectivamente, cualquier otro): desincentivar la circulación de vehículos privados e incentivar el transporte público y el sostenible. Además hubieran logrado un tercer objetivo, que hubiera hecho feliz a muchos vecinos (entre los que me incluyo): ver reducido el nivel de ruido y contaminación en el distrito.

Por eso cuando escucho o leo actitudes contrarias, de forma irracional, a cualquier infraestructura en nuestras calles creo que no han llegado a sopesar bien las ventajas que puede traer para una ciudad como Madrid ciertas actuaciones puntuales que lleven a quitar una gran cantidad de coches de continua circulación. Porque si bien, e insisto en ello por si alguien todavía se lleva a engaño, las bicis han de ir por la calzada, y yo es por ahí por donde siempre me muevo, hay ciertas zonas en las que una infraestructura se hace necesaria.

Menos mal que este Ayuntamiento parece que está bastante concienciado con la movilidad sostenible y ya está empezando con acciones que lo corroboran y que llevan aparejadas infraestructuras y actuaciones como la que indicaba (aunque de momento sea en el centro de Madrid):